Con la perspectiva de un próximo año en que se recobra ya la normalidad en los viajes y peregrinaciones a Tierra Santa , vamos a repasar uno de los lugares emblemáticos que vamos a visitar, y que aporta mucho sentido a nuestra Peregrinación : el río Jordán

El río Jordán, literalmente significa «el que desciende» , por la declinación que experimenta desde el monte más alto, el Hermón en el Líbano, al Mar Muerto, que es el lugar más bajo de la tierra.
El Jordán no es navegable: su profundidad varía entre uno y cuatro metros; y su curso es tan tortuoso que si la distancia en línea recta entre el lago de Tiberíades y el Mar Muerto es de 109 kilómetros , sus aguas recorren 320 debido a sus continuas curvas.

Para los cristianos es el símbolo de la vida, de la fecundidad y de la bendición.
Por el pasó Abraham viniendo de Ur; Jacob y todo el pueblo dirigido por Josué, sucesor de Moisés. 
Cruzándolo entra el pueblo en la tierra prometida ; toman posesión de la herencia que Dios les había concedido; y también al cruzar sus aguas, simbolizan el bautismo cristiano.
Naamán el sirio , se lava siete veces en sus aguas para librarse de la lepra.

En el Jordán se produce el acontecimiento tantas veces esperado: el encuentro entre Jesús, la palabra evangélica que conduce a la Verdad y Juan Bautista, el precursor quien lo había anunciado. Es Lucas quien se detiene a señalarnos el ambiente y el tiempo político, social y religioso en que se produce este significativo hecho.
Indiscutiblemente, es el aspecto religioso el que más interesa: Jesús es bautizado por Juan en el Jordán y ungido por el Espíritu Santo. Viene a ser como su investidura mesiánica.

En el Jordán se da un cambio de actitud en la vida de Jesús. Hasta entonces había permanecido en el anonimato de su vida oculta, más tal postura ha llegado a su fin. Su bautismo le otorga el privilegio de comenzar su actividad pública. Ya no precisa seguir oculto; puede pasar a la acción. Inicia un nuevo Éxodo.

El Jordán abre las puertas de esa tierra prometida por Dios a los hombres de corazón limpio y voluntad recta.
Como una costumbre, los peregrinos llevan botellas vacías para llenarlas en el Jordán y luego usan el agua en bautizos y bendiciones. También en el lugar tradicional, a orillas del Jordán, los peregrinos renovamos las promesas del Bautismo. , y esperamos que las puedas renovar tu también con nosotros en tu próximo viaje.

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