Literalmente significa “el que desciende“, es el símbolo de la vida, de la fecundidad y de la bendición. Aparece el nombre citado en el Antiguo Testamento 179 veces y 15 en el Nuevo.
Desciende desde el monte más alto, el Hermón, al Mar Muerto, que es el lugar más bajo de la tierra.
Lo forman tres fuentes: el Hasbani, el Dan y el Banias. A unos diez kilómetros después de su nacimiento, se juntan las aguas y forman el pequeño lago Hule, a dos metros sobre el nivel del mar, desde donde se dirige el agua hasta el lago de Tiberíades ,y desemboca en el Mar Muerto.
La fuente de Hasbani nace en el territorio del Líbano. La de Dan es la más septentrional del país, ya que al hablar de los límites de Israel se usaba la expresión “de Dan a Berseba“.
La de Banias nace junto a la cueva del dios Pan, en la base del monte Hermón. Esta fuente había sido lugar de culto desde la antigüedad . Aquí se localiza la Cesarea de Filipo , hasta la que llegó Jesús ,y donde pregunta a sus discípulos quién es él; y ante la confesión de Pedro, le confiere el primado sobre toda la Iglesia.

El Jordán es el río bíblico por excelencia. En el pasado fue el límite natural entre Israel y Judá por el este. Es el punto de referencia de los territorios pegados a su cauce, con los nombres de Jordania, Transjordania o Cisjordania.
Es río sagrado, por ser límite de la Tierra prometida ,y porque por él pasaron los antiguos patriarcas Abrahán y Jacob con sus familias y rebaños viniendo de Caldea. Más tarde lo hicieron los escapados de Egipto, bajo el caudillaje de Moisés, y de Josué después. Este fue quien les hizo pasar el río.

También los antiguos Padres de la Iglesia quedaron fascinados en cierto modo, viendo en el paso del Jordán del pueblo hebreo un símbolo del bautismo cristiano que, cada año, se recuerda en la liturgia bautismal de la Vigilia de Pascua.
El río Jordán es también un instrumento de purificación y limpieza que Juan aprovecha al máximo para llamar al arrepentimiento y conversión.
El mismo Jesús vino de Galilea al Jordán para ser bautizado por Juan. Después el mismo Jesús bautizaría allí.
Fue, pues, junto al río Jordán donde sonó por primera vez la voz tonante de Juan que invitaba a la conversión para recibir al Mesías, y donde el mismo Jesús fue consagrado para su misión.

Todavía hoy son muchos los que vienen o son traídos al río Jordán para ser bautizados en recuerdo del bautismo de Jesús. Otros recogen con veneración el agua para bautizar a los recién nacidos en sus lugares de origen.

Imagen de portada: nuestro grupo de Viajes Pertur en pleno invierno aventurándose en el Jordán

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