Hierapolis y Pamukkale

La ignorancia o inocencia de llegar desinformado a un lugar y con ideas preconcebidas, a veces hace que ese lugar resulte decepcionante , pero otras que supere en mucho tus expectativas. Pamukkale : castillos de algodón, anuncios televisivos, bla bla bla…

En la lejanía divisas montañas nevadas sin ningún sentido , viendo la altitud y el momento primaveral en que estamos. Aunque esto último no es muy objetivo, ya que en Turquía hay importantes formaciones montañosas de muchísima altura, que en pleno mes de junio mantienen nieves en sus cimas, pero este no es el caso de Pamukkale.
Cuando te das cuenta de que es imposible que sea nieve, tu mente inconscientemente razona: “es mármol blanco”… iluso, Pamukkale es una inmensa extensión de terrazas de roca travertina blanca en la provincia de Denizli, consecuencia de fuentes de agua termales que van sedimentando. Bajando en forma de cascada por las laderas de las montañas, da la sensación de que estamos ante una formación congelada, cuando realmente está a una temperatura bastante elevada.

Tanto griegos como romanos, atribuyeron propiedades terapéuticas a estas aguas. Hoy en día está declarado Patrimonio de la Humanidad, lo que permite preservarlo del descuido en el que estuvo en otros tiempos. Su acceso es cómodo , y es una experiencia darse un paseo descalzo sobre estas formaciones y contemplar la belleza casi imposible del trabajo de la Naturaleza.

Dando la espalda a las formaciones de algodón se encuentra Hierápolis. A estas alturas del camino, ya hemos visitado Didima, Mileto, Efeso, mejorando en cada lugar la calidad y conservación de sus ciudades.
Hierápolis era una ciudad helena , transformada posteriormente en ciudad romana: de ello da testigo el Templo de Apolo.

Hay muchos puntos de gran interés aquí: el Plutonium es una gruta con emanaciones de gas, motivo por el que los que se acercaban morían . Los baños romanos, puertas como la del Imperio de Domiciano .
Merece especial interés el Teatro , con capacidad para 15000 espectadores, con sus tres secciones Cavea, Scena y Orchestra, uno de los mejores conservados actualmente. Y haciéndome rememorar el teatro de Palmira, en Siria, este de Hierápolis con todas sus gradas en muy buen estado , te transporta a pleno siglo II, y a las sensaciones que pudieron tener sus espectadores. Sin duda una visita imprescindible.

Para terminar , subiendo un poco más, nos podemos beneficiar de los taxis que se ofrecen en la misma salida de Pamukkale, y acercarnos a las ruinas de lo que fue la Iglesia de San Felipe, donde se supone que está su tumba.

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