Cracovia, descubriendo un tesoro

Nuestro amigo y colaborador Hilario Peña nos rememora, de sus diarios de viajes, un antiguo viaje a Polonia. Tras visitar las bellísimas minas de sal de Wieliczka, el grupo regresaba a Cracovia:

Aquel otoño en Polonia era suavemente romántico. Parecía que Chopin no se levantaba del asiento de su piano, y las nubes esparcían por todo el país su música cadenciosa.

Aquella mañana íbamos a descubrir una de las ciudades más antiguas y más bellas. Cracovia comenzaba a abrirse lentamente como el tríptico gótico de la iglesia de Santa María. Nosotros seguiríamos su movimiento, y con ojos asombrados iríamos descubriendo los tesoros que encerraba.

Durante siglos la fama de Cracovia desbordó los límites del Estado polaco. Fue la cuna de su cultura nacional y centro del desarrollo científico, con más de seis siglos de tradición.
Su Universidad Jagellónica fue la más antigua universidad polaca, y de ahí salieron sus más prestigiosos e ilustres prohombres del país.
Entrar en su gran patio, pasear por sus altos corredores y entrar en sus aulas, suscitaba en nosotros un punto de estímulo y emoción.

Cómo nos supuso otro tipo de emoción, mística esta vez,la entrada en la capilla del Convento de Santa Faustina Kowalska, gran apóstol de la Misericordia Divina. El mensaje de esta santa lo recogió su paisano Juan Pablo II, quién después de canonizarla, instituyó, el segundo domingo de Pascua, el domingo de la Misericordia divina.
Justamente, en la noche de su primera celebración, el mismo entraba en la Casa del Padre y se unía a la celebración con Todos los Santos.

Nuestra visita callejera comenzó con la subida a la colina de Wawel, todo un símbolo para los polacos. Un conjunto monumental de incalculable valor.
Después de pasar por Jasna Gora y entender su mezcla de religión y patriotismo, no me escandalicé al entrar en la Catedral,con la colección de banderas y estandartes, de tapices con sus reyes y nobles a caballo, de sus monumentos a sus héroes y a sus santos. Ni del gran panteón, dónde descansan sus reyes, y los mejores de sus héroes y poetas nacionales.

Justamente el Papa Juan Pablo II celebró su primera misa, después de su ordenación sacerdotal, en la cripta de esta catedral, a la vista de esta necrópolis real.
Terminada la visita de la catedral, tuvimos la curiosidad de subir hasta tocar la gran campana de Segismundo.
Antes de dejar la colina, paseamos por sus jardines y nos asomamos al Vístula, que la rodea con sus aguas en calma. Una vista asombrosamente bella para los ojos.

La visita continuó por el Barrio Antiguo, dónde se agrupa la mayoría de los monumentos y museos de la ciudad. Terminamos nuestro recorrido en la Plaza Mayor, la más hermosa de Cracovia. En ella se sitúa los acontecimientos históricos más importantes. Allí están también los monumentos que ya conocemos: la basílica gótica de Santa María, con el altar del genial escultor Wit Stwosz. Otra vez vimos abrirse y despegarse el grandioso tríptico gótico. Esta vez en el mejor sitio: nos colocamos en primera fila para no perder detalle.

A la salida, en el altar de la izquierda estaba expuesto el Santísimo. Era jueves, la gente se arrimaba en su entorno. Contemplaba y rezaba, el silencio era absoluto.

Foto de portada: St Marys Church Krakow or Mariacki Basilica. By Davis Staedter .Licencia CC BY 2.0

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