Volviendo a Tierra Santa

Volviendo a Tierra Santa

Escribir sobre viajes o peregrinaciones en estos momentos, cuanto tu compañero es el miedo y la incertidumbre no resulta fácil, pero me niego a pensar que no vamos a volver dentro de poco y sobre todo que tengamos miedo a volver. Vivimos en el centro de la pandemia, estamos sufriendo la terrible crisis sanitaria y la económica que vendrá, debemos ser prudentes y precavidos , pero no tener miedo.

Vendrán otros tiempos y el Monte de las Bienaventuranzas, la Vía Dolorosa, el Mar Muerto, Belén, etc. seguirán esperándonos. Y después de tantas, tantas veces en Tierra Santa, espero que la próxima sea como la primera, vivir la emoción de pisar y ver lo mismo que vieron y pisaron hace tantos años.

Sentarnos plácidamente en las capillas del Monte de las Bienaventuranzas, mirando al horizonte y sorprendiéndonos de la visión del Lago de Tiberiades , como si de un mar se tratara lleno de gaviotas, listas y pícaras que esperan su aperitivo según navegan los barcos.
Sentir la emoción de estar en Jericó, la ciudad más antigua del mundo, alucinar con el baño en el Mar Muerto. Y asombrarnos de la Galilea, verde y fértil , evocando a Jesús y sus discípulos.

Volver a emocionarnos en la Basílica de la Natividad y disfrutar de uno de los más ricos zumos de granada del mundo.
Asombrarnos en la Basílica de Belén de esa extraordinaria obra de rehabilitación, apareciendo una basílica que ni por asomo imaginábamos tan blanca hace unos años…, y por supuesto disfrutar de Jerusalén, la ciudad que a todos admite y a todos acepta, pasear por su callejuelas y descubrir la cantidad de capillas en el recorrido del Via Crucis, descubrir como viven los judíos y musulmanes tan distintos entre ellos, mezclados con los cristianos y   respetándose entre ellos.
Culminar en el Santo Sepulcro, renacer. Debemos ir renovados, con el corazón más sensible, más abiertos y con un toque de ingenuidad, como si fuera nuestra primera vez. Quiero volver a Tierra Santa.

Gerasa , la joya romana de Jordania

Gerasa , la joya romana de Jordania

Jerash, conocida en la antigüedad como Gerasa, es si duda la ciudad grecorromana más completa y mejor conservada de Oriente Medio. También es una de las antiguas ciudades de la Decápolis, y es una visita imprescindible en nuestra Peregrinación a Tierra Santa y Jordania.
Jerash está a 48 kilómetros de Amán por la autovía que sale hacia el norte, pasado el río Yaboc, identificada con la ruta de los Patriarcas bíblicos Abraham y Jacob. La tradición sitúa allí, en la desembocadura del Yaboc, el santuario de Penuel.

La visita de Jerash es el encuentro con una de las ciudades monumentales antiguas más interesantes de Oriente Próximo.
Aquí está presente todavía la civilización romana del siglo II DC, y siguientes, incluido el Periodo Bizantino. Hay pocas ciudades del antiguo Imperio Romano que nos den una imagen tan completa de lo que eran las colonias romanas como Gerasa.

Situada en un valle fértil con un manantial que cruza la ciudad, y en un camino estratégico donde se intercambiaba el comercio del Próximo y Lejano Oriente de la antigüedad.
Le afectó positívamente la conquista de Alejandro Magno, en el 332 AC , ya que fue en el periodo Helenístico, durante la dominación Seleúcida cundo comenzó a formarse la ciudad que alcanzaría su máximo desarrollo durante el periodo romano, especialmente los siglos I y II DC, en los que se levantaron la mayoría de las construcciones que adornaron la ciudad y siguen hoy relativamente bien conservadas.

En el año 64 AC, con la conquista de Pompeyo, pasó a ser ciudad grecorromana y parte de las ciudades de la Decápolis. Con la conquista del reino nabateo por el emperador Trajano y luego Adriano, Gerasa alcanzó su mayor florecimiento.
Constantino llegó al poder en el 325 y declaró oficial la religión cristiana, y se construyeron basílicas e iglesias. Hubo una gran comunidad cristiana de interés en toda la zona.

Con los persas y la ocupación islámica (636) la ciudad se convirtió en una sombra de lo que había sido. Con el califato de Damasco, Gerasa ya era un pueblo agrícola, aunque siguió siendo lugar de paso de caravanas desde Damasco a La Meca. Los terremotos de los siglos VIII y IX dejaron su huella también.
Y llegamos a hoy día , en que existe un poblado árabe asentado en el lado este de la antigua ciudad romana.

Dejamos para la próxima entrega el culmen de esta visita con la descripción de la ruta por la ciudad grecorromana, donde podremos disfrutar de restos prodigiosos como el Teatro Romano, el Templo de Artemisa , el Cardo máximo, las Iglesias bizantinas, el Hipódromo o el Foro.

Foto de portada: Jerash 16 Forum .Autor: Jerzy Strzelecki. Licencia CC Attribution Share Alike 3.0.

PEREGRINACIÓN TIERRA SANTA Y JORDANIA. DEL 19 AL 28 DE MAYO

PEREGRINACIÓN TIERRA SANTA Y JORDANIA. DEL 19 AL 28 DE MAYO

19.MAYO-MADRID-TEL AVIV-TIBERIADES

Presentación en el aeropuerto de Madrid, salidas internacionales. Asistencia por nuestro personal en los tramites de facturación y embarque. Salida en vuelo de línea regular con destino a Tel Aviv. Refrigerio a bordo. Llegada y asistencia en los trámites aduaneros. Continuación en autocar hasta Tiberiades. Cena y alojamiento.

20.MAYO: TIBERIAS-M.GALILEA-TABGA-CAFARNAUM-MTE TABOR- TIB

Desayuno. Subida al Monte de las Bienaventuranzas. Eucaristía. Por la mañana Visita de las ruinas de Cafarnaum, casa de San Pedro, en la que se hospedaba Jesús, y la Sinagoga del Siglo IV. Salida hacia Tabga: visita del Primado, lugar de la aparición de Jesús después de resucitado, donde confirmó a Pedro como su sucesor, y la iglesia en la que se recuerda la multiplicación de los panes y los peces. Travesía del Mar de Galilea. Almuerzo. En la tarde salida hacia el Monte Tabor, subida en taxi, visita de la Basílica de la Transfiguración. Regreso al hotel. Cena y alojamiento.

Monte Tabor

21.MAYO: TIBERIADES – HAIFA-NAZARET-CANA -TIBERIADES

Desayuno. Traslado hasta a Haifa. Visita de Stella Maris, primero y principal santuario de la Virgen del Carmen en el mundo. Nazaret, lugar de la Encarnación y donde Jesús vivió y creció junto con María y José. Visita de la Cripta y Basílica de la Anunciación, Iglesia de San José. Museo y Fuente de la Virgen. Almuerzo. Travesía de la región de Galilea y llegada a Cana de Galilea, donde Jesús realizó su primer milagro. Eucaristía. Traslado a Tiberiades. Cena y alojamiento.

22.MAYO: TIBERIADES-PTE. SHEIK HUSSEIN- JERASH –MT. NEBO – PETRA

Desayuno. Traslado al Puente de Hussein para pasar la frontera entre Israel y Jordania. Continuación hacia Jerash, la antigua Gerasa romana, donde podemos admirar en sus ruinas el teatro romano, templos de Artemisa y Zeus, e iglesia de San Teodoro. Almuerzo y visita del Monte Nebo, desde cuya cima Moisés pudo ver la tierra prometida. Eucaristía. Continuación hacia el sur para llegar a Petra. Cena y alojamiento.

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23.MAYO: PETRA –MAR MUERTO

Desayuno. Visita de Petra, “ciudad rosa”, antigua ciudad de los Nabateos excavada en la roca. Se atraviesa un estrecho desfiladero para acceder al “Khasneh” (El Tesoro) que se encuentra en el centro de la ciudad. Entre sus monumentos destacan: El Tesoro, las Tumbas de los Reyes, y el Teatro. Almuerzo y a la hora indicada traslado al hotel, Mar Muerto, situado a 400m. bajo el nivel del mar, posibilidad de disfrutar de un baño en sus beneficiosas agua. cena y alojamiento.

24.MAYO: M. MUERTO- PTE. ALLENBY-JERICO -MASADA-BETANIA-BELEN

Desayuno. Salida hacia el Puente Allemby, frontera entre Israel y Jordania. Traslado al río Jordán. Renovación de las Promesas del Bautismo. Llegada a Jericó. Visita de los restos arqueológicos de esta ciudad, de unos 9.000 años de antigüedad. Vista del Monte de la Cuarentena, lugar tradicional del ayuno de Jesús, también podremos observar la Fuente de Eliseo. Continuación a Masada, visita de la fortaleza rocosa natural a 450 m. sobre el Mar Muerto y símbolo del espíritu de resistencia de los judíos. Almuerzo Visita de Masada. Traslado a Betania, para visitar la Iglesia dedicada a la memoria de Lázaro, Marta y María. Llegada a Belén. Cena y alojamiento.

25.MAYO: BELEN- EIN KAREM- JERUSALEN

Desayuno. Visita de Belén, Basílica de la Natividad y gruta del Nacimiento de Jesús, la Iglesia de Santa Catalina y Cripta de San Jerónimo. Campo de los Pastores. Almuerzo. Traslado a Ein Karem, lugar del nacimiento de Juan Bautista y de la Visitación de María a su prima Isabel. Llegada a Jerusalén y visita de la Ciudad Nueva. Cena y alojamiento.

Vista de Jerusalem

26.MAYO: JERUSALÉN- MT. OLIVOS-MT. SION-JERUSALÉN
Desayuno. Traslado al Monte de los Olivos para visitar el lugar de la Ascensión y el Pater Noster, iglesia del “Dominus Flevit”. Vista panorámica de Jerusalén. Huerto de Getsemaní, Basílica de la Agonía, Gruta del Prendimiento e Iglesia de la Asunción, donde se venera la Tumba de la Virgen, El Torrente Cedrón (o Valle de Josafat). Almuerzo. Traslado al Monte Sión para visitar la Iglesia de San Pedro in Gallicantu, la Basílica de la Dormición, construida en el lugar donde se supone que vivió y murió la Virgen. el Cenáculo, lugar de la Ultima Cena de Jesús y de algunas apariciones después de resucitado. Eucaristía. Visita al Muro del Llanto, lugar santo de los judíos. Recorrido por el Cardo máximo Cena y alojamiento.

27.MAYO: JERUSALÉN

Desayuno. Visita de la iglesia cruzada de Santa Ana y la Piscina Probática, donde Jesús curó a un paralítico. Recorrido de la Vía Dolorosa, terminando en la Basílica del Santo Sepulcro, donde se visitarán El Calvario, la Cripta de Santa Elena y la Tumba de Jesús y lugar de su Resurrección. Eucastía. Almuerzo. Tarde libre para actividades personales. Cena y alojamiento.

28.MAYO: JERUSALÉN-TEL AVIV- MADRID
Desayuno. Tiempo libre y a la hora indicada salida hacia aeropuerto de Tel Aviv para embarcar en vuelo regular con destino Madrid. Refrigerio a bordo. Llegada y FIN DE NUESTROS SERVICIOS.

 

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Bajando por el Monte de los Olivos

Bajando por el Monte de los Olivos

Al llegar al Monte de los Olivos tenemos una vista muy parecida a la del Monte Scopus : la dorada Jerusalén.
Al Monte Scopus le hemos dedicado varias entradas en este blog, ya que habitualmente es nuestra primera vista panorámica al entrar en Jerusalén, pero hoy vamos a rememorar este emblemático monte, uno de los lugares más sagrados de Tierra Santa.

El Monte de los Olivos está ubicado al oriente de Jerusalén, y a una altitud de 1025 metros. Aquí encontramos el más grande y antiguo cementerio judío del mundo, pues se cree que la Resurrección de los muertos tendrá lugar aquí, según palabras de Zacarías.

Está cargado de gran significado bíblico tanto en el Antiguo como Nuevo Testamento.
Algunas de las referencias bíblicas: Salmón construye un altar a Camós en el monte que está frente a Jerusalén; Josías destruye los altares, al sur del Monte de los Olivos; David sube llorando la cuesta del monte al huir de Jerusalén; el profeta vaticina que el Monte de los Olivos se partirá por la mitad (Zacarías) ; entrada de Jesús en Jerusalén ; Lugar de la Ascensión ; Jesús enseña a orar a sus discípulos; Jesús llora sobre la Ciudad Santa; la oración y agonía de Jesús en Getsemaní; arresto de Jesús en un huerto que había cerca…. 

En el Monte de los Olivos se encuentra La Ascensión, en la actualidad un simple templete octogonal cubierto por una cúpula. En el interior hay una impresión en roca parecida a la huella de un pie, la tradición recuerda aquí la ultima pisada de Jesús antes de ascender a los cielos. Efectivamente tradicionalmente el Monte de los Olivos es considerado como el escenario teológico donde tuvo lugar la Ascensión de Jesús.

El Pater Noster, lugar al que solía venir Jesús con frecuencia, se halla en la mitad del camino entre Betania y Betfage a Jerusalén.
Según la tradición Jesús enseño a rezar aquí a sus discípulos el Padre Nuestro. Sobre la gruta, tres iglesias: la bizantina, la de los cruzados y la actual del siglo XIX.
En las paredes del claustro, sobre baldosas policromadas, se lee el Padre Nuestro en diferentes lenguas de todo el mundo.  

Dominus Flevit, en mitad de la ladera, el domingo de Ramos llegó Jesús montado en un borrico; el lugar recuerda el llanto por la ingratitud de Jerusalén. La iglesia se construyó sobre las ruinas de una bizantina, su cúpula recuerda una lágrima. La pared frontal del altar está abierta en arco desde el que es posible admirar la vista de Jerusalén. 

Descendiendo un poco más se llega  a Santa María Magdalena, iglesia de estilo ruso, obra del zar Alejandro III en memoria de su madre.
Las monjas rusas cuidan del culto, se visten de negro, con velos muy largos que sobrepasan su espalda. En el interior hay cuadros alusivos a María Magdalena, uno de ellos muestra a la sana hablando con Tiberio, indicando la inocencia de Jesús y la cobardía de Pilatos.
Getsemaní, en la base del Monte de los olivos, visitado muy frecuentemente por Jesús y sus discípulos;  los padres Franciscanos tienen la propiedad de la Custodia de Tierra Santa y especialmente de Getsemaní. Aquí encontramos la Basílica de la Agonía, el Huerto de los Olivos, la Gruta del Prendimiento y al lado, la Tumba de María.

 Hablaremos más de estos santos lugares en posteriores entregas de nuestro blog.

Rememorando el Monte Tabor

Rememorando el Monte Tabor

En el post de hoy volvemos a contar con la colaboración de nuestro amigo el sacerdote Hilario Peña , que nos recuerda a propósito de uno de sus viajes a Tierra Santa , la importancia que tiene el Monte Taborescenario de la Transfiguración:

Nos acercábamos al monte Tabor. Y al comenzar las rampas de su subida, nos vino el recuerdo de los beduinos acampados en los campos de Moab. Por las faldas del monte se dispersaban las grandes carpas beduinas, formando pequeños núcleos de población.
Al finalizar la carretera se detuvo el autocar. Allí nos esperaba toda una flota de taxis para subirnos, por un camino empinado y estrecho, tortuoso y a medio asfaltar, hasta la cumbre del monte.
Los conductores de taxis pertenecían a estos grupos beduinos asentados en la falda del Tabor. El taxi para subir a los peregrinos era su medio de vida. Se oponían, pues, a abrir una nueva y amplia carretera por la que pudiesen circular los autocares. Ellos mantenían la exclusiva de la subida al Tabor.

La tradición evangélica, cuándo sitúa la escena de la Transfiguración, no da el nombre del monte. Se limita a decir que ocurrió en un monte alto y aislado. Fue la tradición cristiana más primitiva la que busco la localización de este monte. Muchos pensaron en el gran Hermón, que se encuentra en la frontera de Israel con Siria y el Líbano, más allá de los campos del Golán. Para otros sería el pequeño Hermón.
Sin embargo, muy pronto se impuso la tradición de que la transfiguración debió de tener lugar en el Tabor, por ser el que mejor reunía las características de las que habla el Evangelio: alto y aislado.

Había una pega: en la cima de monte hay restos de vivienda humana. Efectivamente, en tiempos de Jesús había una fortaleza romana. Difícilmente podría haber tenido lugar la Transfiguración de Jesús a la vista de los romanos. Pero en la tradición evangélica nunca se dice que este acontecimiento tuviese lugar en la cima del monte. Es la tradición cristiana la que lo dice; pero hay cantidad de recodos, de sitios escondidos y apartados, donde puede escenificarse el relato evangélico.

Ahora bien, el Tabor, dentro de la escenografía evangélica, viene a ser como un alto en el camino. Los discípulos tienen que seguir a Jesús, tienen que compartir sus fatigas, sus problemas, su incomprensión, pero de vez en cuando hay un Tabor. Sólo que el Tabor no es una meta, sino que es ,simplemente, un alto en el camino, para tomar fuerzas, para que la vida pueda proseguir con su propio ritmo.

el Tabor lo tenemos todos nosotros, lo que hace falta es saberlo valorar. Y lo valoramos cuando podemos disfrutar del Cristo Resucitado.
A Cristo le tenemos siempre dentro, pero estamos acostumbrados a topar con Él en el día a día, y entonces entra en juego este alto en el camino, y comenzamos a saborear el Tabor, la Transfiguración.
Y a Jesús le sentimos distinto, comenzamos a intuir, arañar la gran experiencia de la Resurrección. Una experiencia que disfrutaremos en el más allá, pero que podemos ya vislumbrar en nuestro Tabor. Ella puede alimentar una auténtica esperanza.
Este es el mensaje tan bonito que este mismo viaje a Tierra Santa puede hacernos experimentar.
Incluso, cuando uno logra conectar con la Transfiguración, llega a decir: ” me planto aquí “. Pero Jesús dice: ” Ya llegará el momento, ahora hay que seguir “. Y bajamos del monte a la arena del camino. A la prosa de la vida.

Rememorando el Monte Tabor

Rememorando el Monte Tabor

En el post de hoy volvemos a contar con la colaboración de nuestro amigo el sacerdote Hilario Peña , que nos recuerda a propósito de uno de sus viajes a Tierra Santa , la importancia que tiene el Monte Tabor, escenario de la Transfiguración:

Nos acercábamos al monte Tabor. Y al comenzar las rampas de su subida, nos vino el recuerdo de los beduinos acampados en los campos de Moab. Por las faldas del monte se dispersaban las grandes carpas beduinas, formando pequeños núcleos de población.
Al finalizar la carretera se detuvo el autocar. Allí nos esperaba toda una flota de taxis para subirnos, por un camino empinado y estrecho, tortuoso y a medio asfaltar, hasta la cumbre del monte.
Los conductores de taxis pertenecían a estos grupos beduinos asentados en la falda del Tabor. El taxi para subir a los peregrinos era su medio de vida. Se oponían, pues, a abrir una nueva y amplia carretera por la que pudiesen circular los autocares. Ellos mantenían la exclusiva de la subida al Tabor.

La tradición evangélica, cuándo sitúa la escena de la Transfiguración, no da el nombre del monte. Se limita a decir que ocurrió en un monte alto y aislado. Fue la tradición cristiana más primitiva la que busco la localización de este monte. Muchos pensaron en el gran Hermón, que se encuentra en la frontera de Israel con Siria y el Líbano, más allá de los campos del Golán. Para otros sería el pequeño Hermón.
Sin embargo, muy pronto se impuso la tradición de que la transfiguración debió de tener lugar en el Tabor, por ser el que mejor reunía las características de las que habla el Evangelio: alto y aislado.

Había una pega: en la cima de monte hay restos de vivienda humana. Efectivamente, en tiempos de Jesús había una fortaleza romana. Difícilmente podría haber tenido lugar la Transfiguración de Jesús a la vista de los romanos. Pero en la tradición evangélica nunca se dice que este acontecimiento tuviese lugar en la cima del monte. Es la tradición cristiana la que lo dice; pero hay cantidad de recodos, de sitios escondidos y apartados, donde puede escenificarse el relato evangélico.

Ahora bien, el Tabor, dentro de la escenografía evangélica, viene a ser como un alto en el camino. Los discípulos tienen que seguir a Jesús, tienen que compartir sus fatigas, sus problemas, su incomprensión, pero de vez en cuando hay un Tabor. Sólo que el Tabor no es una meta, sino que es ,simplemente, un alto en el camino, para tomar fuerzas, para que la vida pueda proseguir con su propio ritmo.

Y el Tabor lo tenemos todos nosotros, lo que hace falta es saberlo valorar. Y lo valoramos cuando podemos disfrutar del Cristo Resucitado.
A Cristo le tenemos siempre dentro, pero estamos acostumbrados a topar con Él en el día a día, y entonces entra en juego este alto en el camino, y comenzamos a saborear el Tabor, la Transfiguración.
Y a Jesús le sentimos distinto, comenzamos a intuir, arañar la gran experiencia de la Resurrección. Una experiencia que disfrutaremos en el más allá, pero que podemos ya vislumbrar en nuestro Tabor. Ella puede alimentar una auténtica esperanza.
Este es el mensaje tan bonito que este mismo viaje a Tierra Santa puede hacernos experimentar.
Incluso, cuando uno logra conectar con la Transfiguración, llega a decir: ” me planto aquí “. Pero Jesús dice: ” Ya llegará el momento, ahora hay que seguir “. Y bajamos del monte a la arena del camino. A la prosa de la vida.