Viaje a la India.

Veníamos de un largo y azaroso viaje, con interminables horas de vuelo y aeropuerto. Ya no recordábamos el aeropuerto de Barajas, ni los largos pasillos del aeropuerto de Frankfurt. Allí tomamos el avión de Lufthansa.
Esta compañía se esmeró en la comida. Diríamos que mimó a sus pasajeros. Muy pronto nos sirvieron la cena. Pero volábamos hacia el oriente, y el adelanto horario se tradujo en un encender, de pronto, las luces e interrumpir nuestro sueño. Era la hora del desayuno,y todavía en el avión, llegó la hora del almuerzo. La compañía Lufthansa no escatimaba comida ni atenciones de su personal. Así, hasta aterrizar en Nueva Delhi.

El hotel que nos acogió, en el centro de la ciudad, era elegante y confortable. En el íbamos a pasar la noche de nuestra llegada a la India. El camino del aeropuerto al hotel y el paseo nocturno, después de la cena, nos hicieron percibir los nuevos olores del Oriente.

Pero había que proseguir el viaje. Nuestro viaje a la India comenzaba en Cachemira. Al llegar a Srinagar, el grupo se alojó en un gran hotel flotante del Lago Dal. Nos distribuimos en grupos de seis para ocupar los pequeños chalets, diseminados por el Lago. Cada uno de ellos disponía de cocina y camarero, al igual que de una barca- sicara- con su barquero.

A pesar del cansancio y el sueño, aquella primera mañana me encontró ya sentado en el porche de la casa. Quería ver a mi amanecer en el Lago. Los primeros rayos de sol lo inundaron de belleza y poesía.
El primero en pasar a mi lado fue el repartidor de flores. Con su barca cargada, iba repartiendo flores por todas las casas del Lago. Me las ofreció con la mirada y  le compré un ramo de rosas. Fue una bella manera de empezar la jornada.
Después pasaron las barcas del pan, y el suministro ordinario. El Lago fue un bullir de barcas que surcaban las aguas que, a esas horas, se desperezaban con los primeros rayos de luz. Yo, acostado en la hamaca, escribí mis primeros versos en Cachemira:

 

Sobre el agua remansada se ha abierto la flor de loto,
!ay, amor!, qué paz callada en este rincón devoto,
donde todo habla de Dios con la fuerza de un profeta;
que a prisa el Sáduc pasó, !ay, que soledad más prieta!
Para acunar mi canción la luna en el Lago riela,
rompe el silencio la acción del remo y su suave estela.

Desde mi barca señera he visto el amanecer.
La prisa se me hizo espera. Todo ha vuelto a florecer.
Es un jardín esa barca que va repartiendo flores.
Hoy soy yo como el monarca del jardín de los Mogoles.
Y un latido fraternal me une a tanta belleza:
rezando está ya el rosal, y todo en el Lago reza.

Cachemira, Cachemira, te entraste en mi corazón
con tanta fuerza que, mira, llorando está mi canción.

Autor: Hilario Peña Rojo (A pie de página)
Foto portada: Shikara in Dal Lake in Kashmir. Autor: Basharat Shah. Lic.: CC 2.0 Generic

0 Respuestas a "Viaje a la India."

  1. […] el viaje por la India de nuestro anterior post, que nos dejó en el lago Dal en Cachemira. Gracias a nuestro amigo Hilario Peña, qué incluye […]

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