Tren a Leningrado

Seguimos evocando un antiguo viaje de Hilario Peña, amigo y peregrino con Viajes Pertur:

Era el último día de estancia en Moscú. Nuestra guía-comisaria tuvo bien cuidado de hacernos admirar el Kremlin, corazón de la URSS. Se la veía orgullosa en medio de aquella monumentalidad amurallada. Tampoco se olvidó del metro de Moscú, verdadero museo subterráneo de la arquitectura staliniana. Algunas de sus estaciones eran realmente bellas.

Después de cenar en el hotel, teníamos la salida para el viaje en tren nocturno a Leningrado, actual San Petersburgo.
Subimos al tren y nos distribuimos en los departamentos reservados. Y al entrar en aquellas cabinas cuádruples, la queja airada fue espontánea y general. Todas las colchonetas tenían un aspecto mugriento y asqueroso. Olían a suciedad concentrada; sin sabanillas que tapasen su mugre, invitaban a ser arrojadas por la ventanilla. Katia no daba abasto con tantas quejas.

- En estas colchonetas no podemos dormir
- Pues no hay otras en el tren

El tono iba subiendo en cada intervención y alguien llamó la atención del escándalo que estábamos dando en mitad del pasillo. Los rusos no entendían nuestras palabras, pero sí nuestros gestos violentos y airados.
El grupo se deshizo y todos volvimos a nuestras cabinas. El mal comienzo se prolongó en nuestro sueño nocturno.

A la llegada a Leningrado nos esperaba la guía local. Era una señora de mediana edad. De anchas espaldas, pelo negro y rostro agraciado. Su español era fluido y elegante. De inmediato , trascendía personalidad e inspiraba confianza. Su preparación y solvencia como guía, era excelente. Eso sí, no ocultaba pertenecer al partido comunista.
De inmediato se hizo con el grupo y nos condujo hasta el hotel.

Pepe, mi compañero de habitación, preguntó:

- ¿También tiene sauna?
- Esas son exquisiteces burguesas, propias de un régimen capitalista.
- ¿Por qué van a ser exquisiteces?. Padezco de reuma y el paso por la sauna me viene muy bien.

Antes de iniciar la visita panorámica de la ciudad, cada uno de nosotros intentamos conocer un poco del hotel y sus alrededores.
La ciudad de Leningrado está situada a orillas del río Neva. Fue fundada en 1712 por Pedro el Grande, con el nombre de San Petersburgo. En 1914, a consecuencia de la Primera Guerra Mundial, cambió el nombre alemán por su equivalente ruso y laico de Petrogrado, ciudad de Pedro.
Nuevamente, ya en 1924, se le volvió a cambiar por el de Leningrado, ciudad de Lenin. Y así seguía en los días de aquel mi primer viaje a la URSS.

Enseguida me di cuenta que se trataba de una ciudad moderna, con grandes avenidas y numerosos edificios de estilo barroco y clásico. El discurrir del río Neva por en medio de la ciudad, le prestaba elegancia y majestuosidad. Sus aguas borraron de nuestras mentes la mugre de las colchonetas del tren de la noche. Estábamos en una bella ciudad, una de esas ciudades donde a uno le gusta perderse entre sus calles y plazas.

Foto de portada: San Petersburgo panorámica del río Neva .Autor: Puertomenesteo. Lic CC GNU free 1.2.

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