Las Bienaventuranzas

El monte de las Bienaventuranzas es otro de los lugares sagrados que nos encontraremos en nuestro viaje por Tierra Santa.
Seguramente es la peregrina Egeria quien con más claridad precisa el lugar: “En el monte que está allí cerca hay una gruta, subiendo a la cual, enseñó el Salvador las Bienaventuranzas“.

El lugar fue excavado en 1935. La pequeña iglesia que se encontró formó parte de un pequeño monasterio construido hacia finales del siglo IV en el sitio tradicional de las Bienaventuranzas.
Se conserva tal como fue descubierta y no ha sido reconstruida. Dicho lugar no suele ser visitado por los peregrinos que ascienden a unos dos kilómetros más arriba, donde está el actual Santuario construido por Barluzzi. El mismo hace la descripción que resumimos a continuación utilizando sus palabras:
El octógono, cubierto por una cúpula, se encuentra rodeado por una galería con arcos abiertos hacia el centro del altar. A su vez la galería está rodeada por un soporta que hace más tenue la luz y el calor solar.
La parte interior, muy sencilla, se reduce sólo a los elementos esenciales: pilares y arcos, sin saledizos ni cornisas; tambor superior con ocho ventanas, en cuyos cristales semiopacos pueden leerse las palabras de las Bienaventuranzas.
Por su forma y colorido el santuario de las Bienaventuranzas muestra la joya estética y espiritual que puede producir una sencillez, no desguarnecida junto a una elegancia no artificiosa, que permite al alma una dulce meditación y envuelve el espíritu en la contemplación de la piedad.”

Oigamos al Maestro proclamando las bienaventuranzas:

Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los mansos, porque poseerán en herencia la tierra.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados cuando os injurien y persigan y calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.

El sermón de la montaña es la síntesis del programa que Jesús expuso a lo largo de toda su vida, la cual no fue más que un continuo servicio de amor.

Imagen de portada: Kirche auf dem Berg der Seligpreisungen , foto de Berthold Werner

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