Capitales Imperiales

Todos los años, un grupo de amigos bajo la denominación de “Buena Gente”, así como suena, organizamos y realizamos un viaje de largo recorrido por estas fechas de verano.
La mayoría nos conocemos desde hace mucho tiempo y somos la base del grupo. Hemos estudiado juntos. Hemos compartido “mesa y mantel”, es un decir, pero nuestra amistad se ha mantenido y fortalecido con el paso de tantos años. Somos como una familia que ha ido creciendo gracias a estos viajes.

En esta ocasión hemos recorrido y visitado las Capitales imperiales: Praga, Viena y Budapest.
Si visitáis la página web de Pertur, constituyen uno de “Nuestros Destinos” que venimos ofreciendo y trabajando con los grupos de las Entidades Religiosas. Como es lógico, dicho destino lo adaptamos a nuestros intereses, hecho a nuestra medida.

Eramos treinta amigos de verdad y bien “jerarquizados”: nos acompañaban cuatro sacerdotes, que con su saber y “saber estar” enriquecieron aún más nuestro periplo.
Durante ocho días, que pasaron en un abrir y cerrar de ojos, disfrutamos de este viaje encantado, lleno de magia.

Antes que hablar de cada una de las Capitales Imperiales en particular, a las que dedicaré futuras entregas respectivas en este blog, a continuación quiero dejar una pequeña semblanza general de los países que representan.
Aunque las tres repúblicas tienen casi la misma extensión (ninguna supera los 94.000 Km2), y población (todas se aproximan a los doce millones de habitantes), la mayor renta per cápita la tiene Austria, con diferencia.
Hizo un calor fuera de lo normal, pero soportable gracias a la comodidad de los servicios que teníamos durante todo el trayecto.
Viajar a estos tres países es realmente meterse de lleno en la cultura. Tienen un Patrimonio de tesoros del Arte de una belleza y variedad sin igual: palacios, castillos, iglesias, museos…, que hacen soñar a cualquiera.
Los paisajes encantadores, fantásticos, salpicados de pueblos cargados de historia. La gastronomía ricamente cuidada, y siempre regada, sobre todo, por una abundante y exquisita cerveza.

¿Y la música, el folclore, las danzas?. Todo un cuadro lleno de romanticismo al que se suman los ríos Danubio a ritmo de vals o el Moldava, con un concierto de pensamientos y deseos cuyo escenario mágico no es otro que el puente de Carlos.

 

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